Capítulo 3

El día después

Al amanecer, Jamaica hace un balance de la situación.

Carreteras desaparecidas. Tejados arrancados. Barrios enteros sepultados bajo los escombros o arrasados por las inundaciones.

La magnitud de la destrucción

Vientos sostenidos de hasta 298 km por hora, uno de los huracanes del Atlántico más intensos jamás registrados.

La tormenta más fuerte que ha azotado Jamaica en más de 170 años.

Casi el 80 % del país sin electricidad.

537.000 personas afectadas por cortes de electricidad.

Graves daños en las explotaciones agrícolas de todo St. Elizabeth.

Pérdida generalizada de tejados, viviendas derrumbadas y comunidades inundadas.

Carreteras, puentes y la red eléctrica seriamente dañados.

Las evaluaciones por satélite, realizadas con nuestro apoyo, revelan el alcance total de los estragos que dejó a su paso Melissa.

4,8 M

de toneladas de escombros

Hasta 32.500

personas desplazadas de sus hogares

Hasta un 90 %

de edificios dañados en algunas localidades

146.000 estructuras

gravemente dañadas

Al menos 90.000 familias

seriamente afectadas

Más de 1M

de personas perjudicadas

Para cada persona que vivió aquella noche, el daño no es una estadística. Es su hogar, su negocio, su medio de subsistencia, su vida.

Por qué los daños son tan graves

Los pequeños Estados insulares en desarrollo, como Jamaica, se encuentran en primera línea de la emergencia climática. Aunque tienen escasa responsabilidad en la crisis, sufren sus efectos de manera desproporcionada. La gravedad del huracán Melissa se multiplicó por seis debido al cambio climático provocado por el ser humano. Además, Jamaica ya estaba expuesta a riesgos estructurales incluso antes de que Melissa tocara tierra. Esa vulnerabilidad determinará el plan de recuperación.

Casi el 80 % de la población vive a menos de cinco kilómetros de la costa, lo que sitúa los hogares, los puestos de trabajo y la infraestructura directamente en la trayectoria de las marejadas ciclónicas y las inundaciones. Cerca del 97 % de los negocios son micro, pequeñas o medianas empresas que generan alrededor del 80 % del empleo. A diferencia de las grandes empresas, muchas operan sin seguro, sin reservas de efectivo o fondos para sobrevivir hasta unas pocas semanas sin ingresos. Cuando se produce una tormenta, esta afecta de forma inmediata y personal a los medios de vida de la población.

80 %

Casi el 80 % de la población vive a menos de cinco kilómetros de la costa

97 %

Cerca del 97 % de las empresas son micro, pequeñas y medianas empresas que generan alrededor del 80 % del empleo

Las mujeres contribuyen a impulsar la economía de Jamaica. Son propietarias del 58 % de las micro y pequeñas empresas. Sin embargo, cuando se produce un desastre, se enfrentan a múltiples obstáculos, como mayores responsabilidades de cuidado de otras personas, la falta de capital y la inseguridad de los derechos sobre la tierra. Para las mujeres con discapacidad, cada uno de estos retos es aún más difícil de superar.

Una mujer y un niño se encuentran entre maderas rotas y escombros tras los daños causados por la tormenta. Bajo un cielo despejado pero cubierto de nubes, sus rostros reflejan la dureza de lo vivido y la fortaleza para seguir adelante.

Meggy Rowe, propietaria de una barbería y un bar a pocos kilómetros de Black River, perdió su hogar y sus negocios a causa del huracán Melissa. Su historia pone de relieve la urgente necesidad de reactivar las pequeñas empresas, que proporcionan bienes y servicios esenciales a sus comunidades.

Foto:
PNUD Jamaica / Anorak Productions

El panorama a largo plazo es aleccionador. El huracán Melissa devastó los sistemas socioeconómicos, causando pérdidas y daños por valor de más de 12.000 millones de dólares, lo que supone el 57 % del PIB. Se trató del desastre de origen climático más grave de la historia del país. Si no se toman medidas para ampliar rápidamente los sistemas de adaptación al cambio climático y de reducción del riesgo de desastres, este tipo de sucesos devastadores aumentará en frecuencia y gravedad en todo el mundo, amenazando con revertir los avances en materia de desarrollo que los países han alcanzado con tanto esfuerzo.

El huracán Melissa no creó estas vulnerabilidades. Simplemente las puso de manifiesto.

Tres lugares.
Tres historias.
Jamaica
Jamaica
New Hope, Jamaica occidental

“La lluvia y el viento no dejaban de azotarme. En un momento dado, pensé que el edificio se derrumbaría y me aplastaría”.

Black River

“El huracán arrasó todo. Perdí la mayor parte de mi ropa y de mis pertenencias. Además, ahora no tengo dónde vivir; solo lucho por recuperarlas”.

St. Elizabeth, Treasure Beach

Las comunidades pesqueras de la costa meridional de Jamaica se vieron directamente afectadas. Embarcaciones destruidas, costas transformadas, medios de vida perdidos de la noche a la mañana.

El PNUD entra en acción

Cuando aún no se tenía una visión clara del alcance de la destrucción, desde el PNUD pusimos en marcha nuestras actividades de respuesta y recuperación temprana. 

Como organismo principal de las Naciones Unidas para la recuperación resiliente en Jamaica, actuamos en el marco de la respuesta más amplia del equipo de la ONU en el país, llevando a cabo evaluaciones rápidas, respondiendo a las solicitudes de los socios gubernamentales y de la sociedad civil y coordinando con ellos, e iniciando la labor fundamental de determinar qué era lo más necesario y dónde.

La capacidad de actuar con tanta rapidez no es casual. El liderazgo de los organismos nacionales y las comunidades locales fue la base de las primeras medidas de recuperación, cuyos beneficios son fruto de años de apoyo al desarrollo de la capacidad por nuestra parte y de nuestros donantes. Las contribuciones básicas nos permiten mantener una presencia a largo plazo en Jamaica. Nuestra organización no depende de una financiación proyecto por proyecto, sino que está preparada para reasignar recursos en el momento mismo en que se produce una crisis y dirigir el apoyo hacia donde más se necesita.

La prioridad estaba clara: los escombros.

Tras la tormenta, nuestros equipos llevaron a cabo evaluaciones sobre el terreno junto con el Gobierno y otros socios, consultaron a los miembros de las comunidades y apoyaron al Gobierno estimando el volumen de escombros que habría que retirar y qué zonas eran las más necesitadas. Para ello, usamos nuestra herramienta de evaluación RAPIDA con inteligencia artificial y datos satelitales. Hasta que no se retiren los escombros, las comunidades siguen aisladas, los niños no pueden asistir a la escuela y las familias no pueden acceder a los centros de salud ni a los mercados. El Gobierno lideró el esfuerzo nacional, mientras que desde el PNUD respaldamos las acciones locales en las comunidades seleccionadas donde se identificaron necesidades de apoyo adicionales. A medida que se despeja cada carretera, la vida cotidiana vuelve poco a poco a la normalidad.

El día después