El planeta está en crisis.
Nuestra respuesta debe estar a la altura.
En todo el mundo, cada vez es más difícil ignorar las señales de las crisis ambientales.
Las tierras se están degradando rápidamente. La biodiversidad está disminuyendo a un ritmo sin precedentes. El clima se está volviendo cada vez más extremo e impredecible.
Nuestro planeta se encuentra al borde de cambios irreversibles que transformarán los sistemas que sostienen la vida, desde la forma en que cultivamos los alimentos y gestionamos el agua, hasta cómo las comunidades se sostienen y preparan para un futuro incierto.
La magnitud de estos retos exige una respuesta igualmente ambiciosa. Por eso, las tres grandes conferencias sobre medio ambiente, o Conferencias de las Partes (COP), que se celebrarán en 2026, constituyen momentos cruciales. Reúnen a los países para impulsar la acción en torno a tres prioridades interrelacionadas: la restauración de las tierras, la protección de la biodiversidad y la respuesta al cambio climático.
Estas negociaciones políticas son esenciales y deben complementarse con avances en el terreno. Debemos pasar con urgencia a la era de la acción. Aquí un vistazo a cómo estas reuniones pueden ayudarnos a responder a la altura de las circunstancias.
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Restauración de los suelosUlaanbaatar, Mongolia17 al 28 de agosto
Muchos de los retos ambientales actuales guardan relación con los suelos. Almacenan carbono, producen alimentos, mantienen la biodiversidad y sostienen los medios de subsistencia de miles de millones de personas.
Sin embargo, esta base está sometida a una presión cada vez mayor. Hasta un 40 % de la superficie terrestre del mundo está degradada y las consecuencias se están haciendo sentir en esferas como la inseguridad alimentaria, la escasez de agua, la migración y la inestabilidad económica.
Abordar la degradación de las tierras no consiste únicamente en restaurar los ecosistemas. Se trata de proteger los medios de subsistencia y garantizar que las comunidades que se enfrentan a presiones ambientales cada vez mayores dispongan de las herramientas y los recursos necesarios para gestionar las tierras de forma sostenible.
Este reto ocupa un lugar central en los debates que tendrán lugar del 17 al 28 de agosto, cuando gobiernos, científicos, Pueblos Indígenas, la sociedad civil, la juventud y el sector privado se reúnan en Ulaanbaatar (Mongolia) con motivo de la COP17 de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CLD). La Conferencia se centra en los retos interrelacionados de la desertificación, la degradación de los suelos y la sequía, y en cómo la restauración de las tierras puede fomentar la resiliencia y reducir la vulnerabilidad, además de mejorar la estabilidad económica, la seguridad nacional y el desarrollo.
La propia experiencia de Mongolia refleja la creciente presión a la que se ven sometidos los ecosistemas naturales del mundo: casi el 77 % del territorio del país se ha visto afectado por la degradación. Sin embargo, tan llamativa como la magnitud del reto es la oportunidad que este presenta. La restauración de 150 millones de hectáreas de tierras degradadas (una superficie similar a la del Canadá) podría generar hasta 40.000 millones de dólares en ingresos anuales adicionales para los pequeños agricultores, al tiempo que contribuiría a alimentar a 200 millones de personas.
Para aprovechar este tipo de potencial se necesitarán inversiones. Como anfitrión de la COP17, Mongolia está impulsando la Agenda de Acción para la Estepa, una iniciativa global destinada a movilizar más de 1.000 millones de dólares en apoyo de la acción integrada en distintos paisajes. No obstante, hacer realidad las aspiraciones de restauración dependerá de que se cubra un importante déficit de financiación y de que se garantice que los recursos lleguen a las comunidades y los paisajes que más los necesitan.
Durante la última década, los países se han comprometido a restaurar 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas antes de 2030, y más de 70 países han elaborado o están elaborando planes nacionales de lucha contra la sequía. La COP17 ofrece una oportunidad crucial para fijarse objetivos aún más ambiciosos y pasar rápidamente de la planificación a la acción, velando por que la financiación para la restauración de las tierras y la resiliencia frente a la sequía figuren entre los principales temas de la agenda.
Más allá de la resiliencia frente a la sequía y la restauración de los suelos, la COP17 pone el foco en las comunidades que más dependen de una tierra sana. Los pastores y ganaderos ocupan un lugar central, ya que la Conferencia coincide con el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, declarado por las Naciones Unidas. Los pastizales proporcionan sustento a más de 500 millones de personas y cubren aproximadamente la mitad de la superficie terrestre. Casi la mitad de estos ya están degradados o en situación de riesgo.
Como parte de su mandato, la Convención aborda los vínculos entre la degradación de las tierras y los retos sociales, entre ellos la igualdad de género, la participación de la juventud y la migración. La COP17 impulsa el compromiso con un enfoque más inclusivo de la gobernanza de la tierra, convirtiéndose en la primera Conferencia de las Partes en la CLD en incluir tanto una Asamblea de los Pueblos Indígenas como una Asamblea de las Comunidades Locales.
Más allá de la década actual, uno de los objetivos clave de la COP17 es dar forma al futuro marco estratégico de la Convención, la hoja de ruta que definirá cómo continuarán, a partir de 2030, los esfuerzos mundiales para hacer frente a la desertificación, la degradación de las tierras y la sequía.
En Mongolia, los pastizales degradados y los inviernos rigurosos amenazan a una de las últimas culturas verdaderamente nómadas del mundo. Con el apoyo del PNUD y la financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el gobierno de Mongolia y los pastores están respondiendo con valentía, cooperación y creatividad.
Así lo hacen
Las soluciones innovadoras no siempre son nuevas. En Burkina Faso, los miembros de una cooperativa agrícola están utilizando técnicas agrícolas tradicionales para combatir la sequía y la desertificación. Desde 2018, han recuperado 260 hectáreas de tierras degradadas y han aumentado considerablemente sus rendimientos.
Así lo hacen
Conscientes de la importancia de una gobernanza ambiental sólida, Libia está implementando un marco normativo y operacional que integra la gestión de la tierra, el agua, la biodiversidad y los medios de subsistencia.
Así lo hacen
Desde semillas resistentes a la sequía hasta depósitos de agua que recogen la lluvia y la condensación para regar las plántulas de árboles, los agricultores de Uzbekistán están aplicando técnicas diversas que permiten prosperar en el clima cada vez más árido del país.
Así lo hacen
En los altos Andes de la Argentina, el PNUD y sus socios locales, con financiación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), están ayudando a las comunidades a proteger los pastizales, aprovechando los conocimientos tradicionales y las soluciones basadas en la naturaleza.
Así lo hacen
Los pequeños Estados insulares en desarrollo están demostrando que incluso una pequeña extensión de tierra tiene potencial transformador. En Seychelles, un suelo sano está demostrando ser un poderoso aliado en la lucha contra el cambio climático.
Así lo hacen -
Protección de la biodiversidadEreván, Armenia19 al 30 de octubre
La biodiversidad no es simplemente algo que debamos proteger; es algo de lo que dependen nuestras vidas. No es algo ajeno a las empresas y la industria, ni que compita con ellas. Es la base sobre la que se asientan nuestras economías.
Casi la totalidad del producto interno bruto (PIB) mundial depende, en mayor o menor grado, de la naturaleza y de los servicios que esta proporciona, como la polinización. Más de la mitad de la economía depende en gran medida o, al menos moderadamente, de la naturaleza.
Esa base se ve sometida a una presión cada vez mayor. Más de un millón de especies están en peligro de extinción y el tamaño medio de las poblaciones de flora y fauna silvestres que son objeto de seguimiento se han reducido en más de un 70 % en los últimos 50 años. Las consecuencias no se limitan a los bosques, los ríos o el océano. Pueden traducirse en una menor productividad agrícola, una mayor inseguridad alimentaria, una presión creciente sobre los recursos hídricos y riesgos cada vez mayores para las comunidades y las empresas que dependen de ecosistemas saludables.
Para millones de personas, esa dependencia es muy directa. Más de 1.600 millones de personas dependen de los bosques para su subsistencia, empleo o ingresos, en tanto que la pesca y la acuicultura sustentan más de 600 millones de medios de vida en todo el mundo.
En 2022, casi 200 países aprobaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, en el que se establecieron 23 ambiciosas metas para 2030. Entre ellos, conservar al menos un 30 % de las zonas terrestres y de aguas continentales y un 30 % de las zonas marinas y costeras del mundo, y reducir o reformar los subsidios y otros incentivos perjudiciales para la diversidad biológica en al menos 500.000 millones de dólares al año.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, COP17, que se celebra en Ereván (Armenia) del 19 al 30 de octubre, ofrece una oportunidad fundamental para hacer un balance de lo ocurrido desde que se asumieron esos compromisos. Por primera vez, los países están llevando a cabo un análisis global de los avances en la aplicación del Marco.
Los debates abarcan desde la financiación de la biodiversidad y el apoyo a su aplicación hasta la restauración de los ecosistemas, las zonas protegidas, el seguimiento de los avances y el reparto equitativo de los beneficios derivados de los recursos genéticos. La Conferencia también promueve el papel de los pueblos indígenas y las comunidades locales, alienta a los países a integrar la biodiversidad en todos los sectores y fortalece los vínculos entre la biodiversidad, el clima y el desarrollo sostenible.
Las negociaciones se centran en una cuestión práctica: ¿cómo se traducen los compromisos internacionales en decisiones que cambien lo que sucede sobre el terreno?
La financiación es una parte importante de la respuesta. El Marco exige que, para 2030, se destinen al menos 200.000 millones de dólares al año a la biodiversidad. Alcanzar ese objetivo requiere una combinación de financiación internacional, recursos nacionales y capital privado, así como planes nacionales que determinen dónde se necesita el dinero y cómo se puede movilizar.
Algunos países ya están poniendo a prueba cómo llevar esto a la práctica. En Marruecos, una inversión de 350 millones de dólares en la economía azul apoya la restauración de los ecosistemas marinos y costeros y la recuperación sostenible de los recursos pesqueros. En Tailandia, una tasa de menos de 1 dólar para visitantes a la isla de Koh Tao genera fondos para la protección de los ecosistemas marinos.
Estos ejemplos forman parte de una toma de conciencia más amplia: la naturaleza puede ser parte de nuestras estrategias de crecimiento económico, empleo y resiliencia, en lugar de ser algo que solo se protege una vez tomadas las decisiones económicas.
El potencial es enorme. Un análisis de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) estima que la transición hacia una economía que contribuya a la restauración de la naturaleza podría generar 10 billones de dólares en oportunidades empresariales y sustentar hasta 395 millones de puestos de trabajo para 2030.
El PNUD ayuda a los países a incorporar esta perspectiva en las decisiones económicas que configuran el desarrollo. A través del Compromiso del PNUD por la naturaleza, respalda la mayor cartera de proyectos sobre naturaleza y biodiversidad del sistema de las Naciones Unidas, ayudando a los países a plasmar el Marco Mundial de Biodiversidad en acciones concretas, entre otras cosas, mediante sus Estrategias y Planes de Acción Nacionales en materia de Biodiversidad (EPANB). En 2025, el PNUD prestó apoyo a proyectos en 145 países, movilizando 3.900 millones de dólares, incluidos 14.000 millones de dólares en cofinanciación. A través de la iniciativa BIOFIN, también ayuda a los países a evaluar la financiación destinada a la biodiversidad, reformar los incentivos perjudiciales e identificar nuevas formas de financiar sus aspiraciones.
El objetivo es integrar la naturaleza en las decisiones que determinan el funcionamiento de las economías, desde los presupuestos públicos y los sistemas financieros hasta la agricultura, el turismo, la gestión de los recursos naturales y la planificación del desarrollo.
Se trata de uno de los retos que afrontan los países en la COP17. Para llevar los compromisos a la práctica, es necesario que los países midan los avances, identifiquen las deficiencias que aún persisten y decidan dónde pueden tener mayor impacto los recursos.
Invertir en la biodiversidad no consiste solo en proteger el planeta. Consiste también en proteger a las personas cuyas vidas y medios de subsistencia dependen de ella y en construir economías más resilientes ante los retos que se avecinan.
En Ucrania, el PNUD respaldó la elaboración y la adopción de la primera Estrategia Nacional de Conservación de la Biodiversidad del país, sentando las bases para integrar la conservación y la restauración de la naturaleza en la recuperación posterior a la guerra.
Así lo hacen
En el Pacífico, más de dos décadas de trabajo apoyado por el PNUD han ayudado a 14 naciones insulares a fortalecer la cooperación y la gestión sostenible de la pesca del atún, protegiendo una fuente vital de alimentos, medios de subsistencia y oportunidades económicas.
Así lo hacen
En Colombia, el PNUD y las comunidades locales están transformando el conflicto entre personas y jaguares en coexistencia mediante la conservación, el ecoturismo y la educación, contribuyendo a proteger casi medio millón de hectáreas de corredores biológicos y, al mismo tiempo, generando nuevas oportunidades de sustento.
Así lo hacen
En Mauricio y Seychelles, el PNUD está ayudando a restaurar los arrecifes de coral degradados para reforzar la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia costeros y la resiliencia ante el cambio climático, al tiempo que fomenta la capacidad local para la conservación de los arrecifes a largo plazo.
Así lo hacen
En Costa Rica, el PNUD está ayudando a las comunidades indígenas a convertir la biodiversidad en una oportunidad económica mediante el turismo basado en la naturaleza. El programa “Raíces” ha prestado apoyo a 35 iniciativas de turismo indígena, ha movilizado 1,89 millones de dólares y ha contribuido a que más de 2.221 hectáreas de bosque se gestionen de forma sostenible.
Así lo hacen
En Botswana, el PNUD apoyó la reforma de las tasas de acceso a las zonas protegidas, lo que generó millones de dólares en ingresos adicionales. La iniciativa fortalece la financiación de los parques nacionales y permite aprovechar mejor el valor económico de los activos naturales del país en beneficio de las comunidades locales.
Así lo hacen -
Respuesta al cambio climáticoAntalya, Türkiye9 al 20 de noviembre
Las señales de advertencia son inequívocas.
Los pasados 11 años han sido los más cálidos jamás registrados, y las proyecciones indican que el calentamiento global superará temporalmente el umbral de 1,5°C establecido en el Acuerdo de París.
Los efectos van mucho más allá del termómetro, ya que merman la producción agrícola, agravan la escasez de recursos hídricos, agudizan los riesgos sanitarios y amenazan los medios de vida de comunidades que ya son vulnerables.
Se prevé que la situación empeorará debido al fenómeno de El Niño, que intensificará las temperaturas extremas y alterará los patrones de lluvias, aumentando el riesgo de sequías e inundaciones.
La COP31 ofrece una oportunidad de reducir la brecha entre la urgencia de la crisis climática y las medidas adoptadas sobre el terreno. Del 9 al 20 de noviembre, líderes mundiales y representantes de la comunidad científica, la sociedad civil, el mundo empresarial, la juventud, los pueblos indígenas y el sector privado se reunirán en Antalya (Türkiye), sede de la 31ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
En un acuerdo sin precedentes, Türkiye será la sede de la Conferencia mientras que Australia liderará las negociaciones en un esfuerzo por dar mayor protagonismo a las prioridades climáticas del Pacífico y forjar lazos entre las distintas regiones.
En esencia, el objetivo de la COP31 es traducir los compromisos en acciones. También marca el comienzo del segundo balance mundial, un proceso que se extenderá hasta 2028 y que evaluará cuánto ha avanzado el mundo hacia la consecución de los objetivos del Acuerdo de París, en qué esferas se ha rezagado y qué más debe hacer para no perderlos de vista.
Para alcanzar los objetivos climáticos mundiales, se necesitará un importante aumento de la financiación. Se estima que se necesitarán 7,8 billones de dólares por año de aquí a 2030, casi cuatro veces la cifra de 2 billones de dólares que actualmente se destina a las inversiones relacionadas con el clima. Hay mucho más en juego que la reducción de las emisiones: aumentar la ambición de la acción climática podría sacar de la pobreza a 175 millones de personas y mejorar los resultados de desarrollo en un 90 % de los países con índices bajos de desarrollo humano de aquí a 2050.
La acción climática también responde a razones económicas y de seguridad: las energías limpias, la restauración de tierras y una agricultura adaptada al cambio climático generan empleo y fortalecen las industrias nacionales. Además, reducir la dependencia de los combustibles fósiles importados protege a los países frente a la volatilidad de los mercados energéticos.
Al mismo tiempo, a medida que los impactos climáticos se intensifican, también aumenta la necesidad de iniciativas de adaptación al cambio climático. Es necesario que los países fortalezcan su infraestructura, que garanticen su suministro de agua y que protejan a sus comunidades del calor extremo, las sequías y las inundaciones. Se prevé que de aquí a 2035 los países en desarrollo deberán destinar entre 310.000 millones de dólares y 365.000 millones de dólares por año a medidas de adaptación. Sin embargo, la financiación pública internacional que se destinó a estas iniciativas en 2023 se situó en apenas 26.000 millones de dólares. Cerrar esa brecha es fundamental para ayudar a las comunidades a prepararse para un clima más impredecible.
Incluso si se aumenta la inversión en medidas de adaptación, algunas pérdidas son inevitables. El Fondo de Respuesta a las Pérdidas y Daños se fundó para ayudar a los países vulnerables a enfrentarse a los daños provocados por el clima. El desafío en esta Conferencia radica en ampliar la escala de este apoyo y asegurarse de que llegue a los países que más lo necesitan, en el lugar y el momento precisos.
El cambio climático también acentúa los riesgos que enfrentan las comunidades asoladas por los conflictos: más de un 75 % de las personas desplazadas dentro de sus propios países a causa de los conflictos y la violencia viven en países sumamente vulnerables al cambio climático. La convergencia entre la vulnerabilidad climática, el desplazamiento y la inestabilidad resalta la importancia de fortalecer la resiliencia y apoyar a los más expuestos a estas crisis simultáneas. La COP31 ofrece la oportunidad de impulsar políticas que armonicen la ambición climática con la protección social.
Climate Promise: Forward, una de las iniciativas emblemáticas del PNUD, permite a la organización ayudar a los países a pasar de las promesas al progreso, reuniendo a gobiernos, comunidades y socios para fomentar una acción climática inclusiva, colaborativa y congruente con una transición justa.
La iniciativa se basa en las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) de cada país, donde establecen sus compromisos de reducir sus emisiones y adaptarse al cambio climático, y en sus Planes Nacionales de Adaptación (PNAD), en los que se definen prioridades de largo plazo para reforzar la resiliencia frente a los impactos del clima. De esta manera, el PNUD ayuda a los gobiernos a armonizar estos planes con sus prioridades nacionales de desarrollo y a movilizar los conocimientos técnicos y la financiación que se necesitan para su puesta en práctica.
La iniciativa Climate Implementation Bridge de la Presidencia de la COP31 complementa estos esfuerzos al contribuir a transformar las prioridades nacionales en proyectos aptos para inversión y conectarlos con la financiación y los socios que se necesitan para llevarlos a la práctica.
A la postre, el éxito de la Conferencia de este año no se juzgará solo por los acuerdos que se alcancen, sino por lo que vendrá después: las inversiones realizadas, las políticas que se pongan en práctica y el impacto real que estas tengan en la vida de las personas. La prioridad de la COP31 son los resultados.
En Burundi, Guinea, Kenya, Marruecos, Panamá y Zimbabwe, el PNUD empodera a los jóvenes fortaleciendo sus capacidades, mejorando su acceso a la financiación para el clima y creando oportunidades para que participen en la formulación de políticas climáticas.
Así lo hacen
En Tuvalu, el PNUD ayuda a las comunidades a adaptarse al aumento del nivel del mar y a la creciente amenaza del cambio climático protegiendo sus zonas costeras y los hogares y medios de vida que dependen de ellas.
Así lo hacen
En Macedonia del Norte, el PNUD contribuyó a los esfuerzos para mejorar la calidad del aire y combatir el cambio climático al facilitar el acceso a la financiación verde para los hogares y las empresas que invierten en energías renovables y soluciones de eficiencia energética.
Así lo hacen
El Programa UN-REDD está prestando apoyo a los países con selvas tropicales para alcanzar en 2030 la meta de reconocer y fortalecer los derechos de tenencia y propiedad de la tierra en 160 millones de hectáreas de territorios indígenas y consuetudinarios. Gracias al apoyo del PNUD a Indonesia y al Ecuador, ya se han sumado 365.000 hectáreas hacia el logro de este objetivo.
Así lo hacen
El programa Africa Minigrids, la mayor iniciativa del PNUD de acceso a la energía, con un alcance de 21 países, fortalece los marcos normativos, moviliza la inversión y amplía la escala de las minirredes solares para mejorar el acceso asequible a la electricidad.
Así lo hacen
En el delta del Nilo, en Egipto, la construcción de 75 km de barreras costeras naturales está ayudando a proteger a más de 768.000 personas. El programa, encabezado por el Gobierno de Egipto y el PNUD con el apoyo del Fondo Verde para el Clima, ha ayudado a algunas comunidades a evitar las inundaciones estacionales por primera vez en décadas.
Lo que exige un planeta en constante cambio
Cada vez más, la degradación de las tierras, la pérdida de naturaleza y el caos climático están provocando inestabilidad económica, desigualdad y conflictos. Abordarlos de forma conjunta puede generar empleo, salud y seguridad.
Este enfoque está en el centro de la labor del PNUD. Junto con los países, las comunidades, los socios y los donantes, hacemos realidad los compromisos, aunando conocimientos, recursos e ideas para hacer frente a estos retos interrelacionados.
A través de iniciativas como la Climate Promise y el Compromiso con la Naturaleza, colaboramos con más de 140 países para ayudarlos a desarrollar y poner en práctica sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional en materia de acción climática, sus Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Biodiversidad y sus metas de neutralización de la degradación de las tierras.
Esto es el desarrollo sostenible.
Nuestra misión es construir un mundo en el que las personas y todos los seres vivos puedan prosperar en un entorno sano y resiliente. Para hacer realidad esta visión se necesitan soluciones con la ambición y la magnitud que exige el reto. Ahora, juntos, debemos estar a la altura de las circunstancias.