Desarrollo desde el primer día
Pero los trabajadores de la salud se niegan a permitir que esto suceda.
Están tratando a los pacientes en salas de hospitales seriamente dañados y suministrando medicamentos vitales a través de zonas de conflicto. En el PNUD estamos presentes para apoyar esta labor fundamental. Junto al Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, hemos proporcionado medicamentos contra el VIH y la tuberculosis y kits de detección de estas enfermedades, equipado clínicas, capacitado a trabajadores de la salud y mejorado el almacenamiento y la distribución.
Al igual que la atención a los pacientes en medio de una zona de conflicto, la labor de desarrollo no puede esperar a que pase una crisis. Por eso, desde el PNUD actuamos desde el primer día. Incluso en las crisis más difíciles, reparamos la infraestructura, apoyamos los medios de vida y mantenemos en funcionamiento los hospitales y otros servicios esenciales. Estas medidas fundamentales alivian el sufrimiento inmediato y sientan las bases para la recuperación a largo plazo.
Esta labor adopta muchas formas, según las principales necesidades de las comunidades. En casos de desastre o conflicto, la remoción de escombros y de minas terrestres suele ser el primer paso en la senda hacia la recuperación. Esto permite que los niños regresen a la escuela, los negocios vuelvan a abrir sus puertas, los agricultores recuperen sus campos y las familias se desplacen con seguridad por sus vecindarios.
En Gaza, junto a nuestros socios, empleamos a trabajadores locales para retirar los escombros, triturarlos y reutilizarlos para reparar carreteras y otra infraestructura. Se están procesando alrededor de 1.500 toneladas de escombros al día en cinco plantas de trituración.
Más del 20 % del territorio de Ucrania está potencialmente contaminado con minas. Tan solo en 2025, desde el PNUD ayudamos a limpiar 20,5 millones de m2 de terreno potencialmente minado, restableciendo el acceso seguro de 9.000 personas y desbloqueando proyectos de agricultura, servicios e infraestructura. Gracias al apoyo de los Gobiernos de Croacia, Francia, los Países Bajos y Suecia, los ucranianos disponen ahora de seis máquinas de desminado operadas a distancia que pueden limpiar hasta 3.000 m2 por hora, lo que reduce considerablemente los riesgos para las personas que realizan este trabajo.
Además de eliminar los obstáculos físicos para la reconstrucción, la remoción de minas terrestres y escombros crea puestos de trabajo muy necesarios, lo que contribuye a reactivar la economía local. Cada 1 dólar de los Estados Unidos (USD) gastado en la remoción de minas terrestres puede generar hasta USD 7 en beneficios sociales y económicos, por lo que desde el PNUD integramos la acción contra las minas en estrategias de desarrollo más amplias para erradicar la pobreza, reducir las desigualdades y fomentar el crecimiento inclusivo.
En Viet Nam, desde el PNUD nos aliamos con la Unión de Mujeres de Lao Cai y las oficinas de correos locales, con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), para distribuir a los hogares subsidios en efectivo, lo que ha ayudado directamente a más de 1.000 personas a recuperarse del tifón Yagi, que asoló el país en 2024.
La ayuda económica permitió a las personas comprar alimentos y satisfacer otras necesidades inmediatas. Pero también les dio la oportunidad de recuperar sus medios de vida o de crear nuevas fuentes de ingresos. Vàng Thị Sao, madre de dos hijos, utilizó su subsidio para comprar plántulas en reemplazo de los árboles de canela destruidos por la tormenta.
La prioridad asignada a los medios de vida es especialmente importante en un momento de crisis globales complejas y simultáneas, así como de recursos financieros limitados.
Las guerras, los desastres y las conmociones climáticas están desarraigando a más personas que nunca. En todo el mundo, 117,3 millones de personas siguen en situación de desplazamiento forzoso debido a conflictos, persecuciones u otros disturbios graves. Como paladín de las soluciones al desplazamiento de las Naciones Unidas, en el PNUD invertimos en las personas desplazadas y en las comunidades que las acogen.
En la República Árabe Siria, con el apoyo del Gobierno del Japón, hemos podido remover 30.000 toneladas de desechos que se habían acumulado en comunidades que acogían a un gran número de personas desplazadas sirias y personas refugiadas libanesas. La iniciativa de gestión de desechos ha contribuido a fortalecer los vínculos sociales y a mejorar la salud pública y las condiciones de vida de 20.000 personas.
Además de apoyar a las personas en movimiento, también trabajamos a fin de crear las condiciones necesarias para que estas puedan regresar a sus hogares. En la zona oriental de la República Democrática del Congo, desde el PNUD colaboramos con las comunidades para reconstruir viviendas y reactivar granjas y empresas en medio de una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
Tras ser desplazada varias veces por los combates, Francine regresó a su aldea en Kivu del Norte y se encontró con que las viviendas y las tiendas habían quedado reducidas a cenizas. En el lugar donde antes se encontraba su propia casa, se puso a trabajar en una tienda de campaña.
El apoyo que recibieron Francine y su comunidad incluye herramientas para reconstruir viviendas, semillas y equipo agrícola, así como financiación y capacitación para pequeñas empresas. Nuestra labor con las personas que regresan combina la ayuda de emergencia con el apoyo a largo plazo, y se ajusta a la determinación y la resiliencia de las comunidades que se proponen reconstruir.
Tras un conflicto, la estabilización ayuda a los gobiernos a restablecer el orden para que la población pueda regresar a sus hogares, se puedan reanudar los servicios y comience la recuperación. El objetivo no es hacerlo todo, sino hacer lo correcto con rapidez para evitar una mayor inestabilidad e impartir a las comunidades confianza en que la paz se mantendrá.
En el Iraq, el Servicio de Financiación para la Estabilización, creado a petición del Gobierno, ha movilizado más de USD 1.880 millones. Ha mejorado la vida de unos nueve millones de personas y ha ayudado a cinco millones de personas desplazadas a regresar a sus hogares y reiniciar sus vidas. Y en Nigeria nororiental, los trabajos de recuperación temprana combinan la reconstrucción con los medios de vida, la formación en competencias y la cohesión social para impulsar la recuperación y la resiliencia.
Desde 2015, nuestros programas de estabilización han beneficiado a casi 17 millones de personas y han contribuido a prevenir la reaparición de la violencia en 12 países. La estabilización genera cambios rápidos y visibles que sirven para restablecer la confianza, ayudando a las comunidades a recuperarse y a dar los primeros pasos para salir de la crisis y avanzar hacia un futuro de paz y esperanza.
En contextos de crisis y fragilidad, el cambio climático ejerce una presión adicional sobre comunidades que ya se encuentran en dificultades. Fortalecer su resiliencia es fundamental para impedir que las personas padezcan mayores penurias.
En el Afganistán, en un entorno de crisis humanitaria permanente, el cambio climático amenaza vidas y medios de subsistencia al reducir el rendimiento de los cultivos y causar desastres más frecuentes y graves, como sequías e inundaciones.
En la provincia de Nangarhar, las inundaciones anuales arrasaron viviendas, carreteras y cultivos. Desde el PNUD recurrimos a una solución basada en la naturaleza: plantar azufaifos resistentes, cuyas raíces profundas ayudan a estabilizar el suelo, evitando la erosión y reduciendo el riesgo de deslizamientos de tierra.
Más allá de sus beneficios ambientales, los azufaifos ofrecen oportunidades económicas. Su fruto, altamente nutritivo, puede venderse en los mercados, proporcionando así una fuente de ingresos para las familias. De manera similar, en Jamaica, cuando el huracán Melissa arrasó en 2025, desde el PNUD atendimos las necesidades inmediatas y, al mismo tiempo, fortalecimos las defensas de las comunidades frente a futuras tormentas.
Tradicionalmente, los modelos de respuesta a las crisis han comenzado con la ayuda humanitaria, seguida de la labor de desarrollo. Sin embargo, este enfoque secuencial puede retrasar la recuperación, agravando las dificultades y aumentando los costos a largo plazo.
En el PNUD, al tender un puente entre la ayuda humanitaria y el desarrollo a largo plazo, nuestro enfoque tiene como objetivo romper los ciclos de las crisis. En colaboración con gobiernos, donantes y socios locales, convertimos las inversiones inmediatas en beneficios duraderos y apoyamos a las personas en su transición de la dependencia de la ayuda a la autosuficiencia y la resiliencia.
El desarrollo es nuestra línea de defensa más sólida contra las crisis y la fragilidad. Invertir en desarrollo desde el primer día salvaguarda el progreso, reduce las necesidades futuras y ofrece una mayor probabilidad de que la paz perdure.
Créditos fotográficos
PNUD Sudán, PNUD PAPP, PNUD Viet Nam, PNUD Siria / Mohammad Jouni, PNUD RD Congo / Eve Sabbagh, PNUD Nigeria, PNUD Afganistán




















