(Des)igualdad
de género

Un informe del PNUD muestra que los prejuicios contra las mujeres siguen latentes

Los estereotipos de género siguen vivos en el siglo XXI.

Y, estos, ensombrecen nuestras creencias y cómo actuamos en consecuencia.

Vivan donde vivan, las mujeres cobran menos, asumen más tareas domésticas y de cuidados no remunerados de los hijos, y están generalmente subrepresentadas en el liderazgo cívico y empresarial.

Los hombres hacen las leyes, lideran la gran mayoría de los gobiernos y dirigen las empresas más importantes.

Menos del 11 % de los dirigentes de Estado y del 10 % de los que encabezan gobiernos son mujeres, según ONU Mujeres.

los dirigentes de Estado
los que encabezan gobiernos

En el PNUD llevamos a cabo evaluaciones periódicas de las actitudes que tienen las personas hacia los roles sociales de los hombres y las mujeres. En nuestro último Índice de Normas Sociales de Género hallamos que las actitudes regresivas siguen latentes.

Cerca del 90 % de los hombres y el 87 % de las mujeres tienen prejuicios internos de género, aproximadamente la misma cifra que hace diez años.
hombres
mujeres

Cuando vamos a votar, en las reuniones, en las entrevistas o en las asambleas, nuestros prejuicios de género son barreras que hacen que las mujeres no logren su máximo potencial.

La mitad del planeta sigue creyendo que los hombres están más capacitados para ser líderes. El 40 % cree que los hombres son mejores para encabezar negocios.
MEJORES LÍDERES
MEJORES PARA LOS NEGOCIOS

Más de una cuarta parte del mundo cree que está bien que un hombre golpee a una mujer.

Esto lastima a todas las personas.

“Las normas sociales que menoscaban los derechos de las mujeres perjudican también a la sociedad en su conjunto. Cuando las mujeres ejercen la libertad y la capacidad de tomar acciones, las comunidades salen ganando”. —Pedro Conceição, Director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD
Las mujeres están mejor formadas que nunca, pero esto no ha sido suficiente para cerrar la brecha salarial de género.

Incluso en los 59 países donde las mujeres cuentan actualmente con más estudios que los hombres, sus salarios son en promedio un 39 % menos, sorprendentemente.

Y a pesar de que las mujeres ganan terreno en áreas como la educación, los movimientos contra la igualdad de género se están volviendo más insistentes y los derechos de las mujeres se están revirtiendo en todo el mundo.

La igualdad de género es el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 5, pero sus fundamentos están intrínsecos en los 17 ODS. No podemos avanzar de forma sostenida en el desarrollo humano dejando a las mujeres al margen de la toma de decisiones y el liderazgo.

Estimaciones recientes de la ONU muestran que, si no hacemos nada para equilibrar la balanza, no lograremos la igualdad de género en 300 años.

Las mujeres líderes son una palanca poderosa para cambiar las normas sociales. En la última década, en los países gobernados por mujeres, los cambios en las normas sociales de género fueron casi tres veces mayores que en los países sin mujeres liderando.

Sin embargo, las mujeres al cargo de gobiernos suelen ser juzgadas con más dureza que sus homólogos masculinos. Sufren amenazas, hostigamiento y violencia. Los medios de comunicación las cosifican y las tratan como objeto de discurso de odio. El liderazgo femenino también suele provocar mayores reacciones negativas.

Si se identifican las necesidades, el cambio es posible. Estas barreras hechas por humanos se pueden desarmar, deshacer.
“Un punto de partida importante es reconocer el valor económico del trabajo de cuidados no remunerado. Esto puede ser una forma muy eficaz de combatir las normas sociales de género respecto a este tipo de ocupación. En aquellos países donde las normas sociales revelan mayores sesgos de género, se calcula que las mujeres dedican al trabajo de cuidados no remunerado entre seis y siete veces más tiempo que los hombres”. —Raquel Lagunas, Directora del Equipo de Género del PNUD

Las políticas públicas deben incorporar normas de género. Este cambio requiere normas, reglamentos e instituciones que reflejen los cambios necesarios en actitudes y comportamientos. Fortalecer los sistemas de atención y protección social, luchar contra los discursos de odio y la desinformación de género, y ampliar los espacios de liderazgo y participación de las mujeres puede ayudar a cerrar la brecha de género.

Los cambios en las políticas que abordan los prejuicios de género y las normas sociales, junto con las inversiones en servicios dirigidos a las mujeres y las medidas de educación y sensibilización, son herramientas poderosas para revertir este escenario.

Tomar conciencia de los prejuicios y diseñar políticas que aborden intencionadamente las normas discriminatorias es una elección que podemos y debemos tomar hoy.

La discriminación de género no solo es perjudicial para las mujeres. Las sociedades en las que las mujeres tienen más derechos y oportunidades son más libres y prósperas. Debemos dar forma a una cultura nueva y más rica a través de la educación, el reconocimiento y la representación; una cultura que reconozca plenamente que la mitad de la población mundial es igual a la otra.

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